Mitchell La Distopía del Euro
Primera edición
ISBN: 978-3-944203-24-9
Verlag: Lola Books
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Pensamiento gregario y negación de la realidad
E-Book, Spanisch, 584 Seiten
ISBN: 978-3-944203-24-9
Verlag: Lola Books
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark
Tenemos frente a nosotros un libro que nos brinda la posibilidad de romper con los viejos y absurdos esquemas mentales que la ideología neoliberal nos ha inoculado hasta la médula. Además nos permite conocer una nueva forma de entender la política fiscal y monetaria. En sí mismo este libro es una formidable herramienta para lograr la transformación social que necesitamos y alcanzar así mayores cotas de bienestar y de justicia económica y social.
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Prólogo
No es casualidad que tenga que ser un economista australiano quien nos brinde una de las más completas y mejores explicaciones que hay sobre la creación de la zona monetaria europea y de su evolución (degeneración) en una suerte de oda a los principios económicos neoliberales. Al fin y al cabo, en Europa hemos estado recibiendo durante décadas y por parte de todos los poros del sistema mensajes que conformaban un relato muy particular y armonioso de la Unión Europea; ése que nos habla del final de las eternas guerras entre vecinos, de la solidaridad, de la justicia y del progreso, de los derechos humanos, de un poderío económico sin parangón gracias a una moneda única, etc. La exposición a este tipo de propaganda, erigida además sobre una simbología identitaria y pasional que conmueve a cualquiera, ha sido tal dentro de nuestras fronteras que ningún europeo puede realizar un análisis que no esté viciado de tales consignas.
Tenemos tan grabadas en nuestra mente las supuestas bondades del proyecto europeo que ponerlas en cuestión supone prácticamente ir contra algo que forma parte de nosotros mismos. Hay estudios en el campo de la psicobiología que aseguran que lo que aprendemos a través de un proceso constante –y especialmente en edades tempranas– se acaba plasmando en la propia estructura neuronal, de forma que desprenderse de esas creencias no es tarea fácil ya que ello confronta con la propia configuración biológica. Por eso es más fácil y probable que los análisis más objetivos y serenos sobre la Unión Europea sean llevados a cabos por personas que no han estado expuestas a esa progresiva y paulatina contaminación cognitiva que hemos sufrido durante tanto tiempo.
Existe otro factor clave que contribuye a explicar por qué un economista de las antípodas geográficas puede realizar un análisis más riguroso y completo sobre Europa y en concreto sobre la Eurozona que uno europeo: que vive en un país que tiene soberanía monetaria, a diferencia de lo que ocurre con los países que adoptaron el euro. Es tremendamente difícil explicar a un ciudadano español, alemán o griego, por poner sólo tres ejemplos, que desde 1971 los Estados soberanos tienen infinita capacidad para crear dinero y que no necesitan recaudar impuestos o endeudarse para poder aplicar políticas de gasto. Es difícil porque esas personas habitan en países que dejaron de ser soberanos en materia monetaria hace ya mucho tiempo, y que por lo tanto han normalizado que cualquier gobierno estatal debe primero obtener dinero para poder gastar, cuando esto no es así para países que controlan su propia moneda. De aquí que un economista australiano tenga mayor amplitud de miras a la hora de abordar las limitaciones y las potencialidades de un proyecto que se articula en torno a una unión monetaria.
Pero tampoco creamos ahora que el mérito de haber elaborado una profunda y completa exposición sobre la Eurozona radica en que su autor habite fuera del Antiguo continente. Porque economistas no europeos, y particularmente australianos, hay muchos, y sólo Bill Mitchell ha sido capaz de regalarnos esta brillante obra. En ello ha jugado un papel crucial su particular formación económica, regada de análisis económico marxista y, especialmente, de la denominada Teoría Monetaria Moderna. Este libro es una buena muestra de que la inusual combinación de estas dos perspectivas analíticas permite un acercamiento a la actual realidad política-económica muy potente, capaz de dar una explicación consistente y estructurada de los últimos acontecimientos económicos experimentados en Europa en torno a la progresiva configuración de la unión monetaria.
El repaso detallado y milimétrico de la formación de la Eurozona que Bill Mitchell lleva a cabo en esta obra no tiene parangón ninguno, y evidencia lo que muchos todavía parecen desconocer: la construcción de la unión monetaria europea mutó formidablemente a mitad de camino debido al fortalecimiento académico e institucional de los principios rectores del enfoque económico denominado Monetarismo, absorbidos plenamente por una élite dirigente europea comandada por la clase capitalista alemana. Esta deriva es la que explica fundamentalmente que el actual diseño institucional de la Eurozona esté pensado para favorecer los intereses de la élite económica y financiera a costa de erosionar los derechos de las clases populares y los propios principios democráticos plasmados en los cuerpos jurídicos de los Estados. Esto es algo que quedó claramente evidenciado tras la crisis financiera iniciada en 2007 y agravada por la llamada “crisis del euro” de 2010, mediante la cual las políticas de austeridad han condenado a los europeos más desfavorecidos a una situación dramática en términos económicos y sociales, al mismo tiempo que fomentaron asaltos a cartas magnas como la española para grabar a fuego y asegurar así ad eternum los privilegios de la oligarquía financiera.
Pero la crisis económica que asoló a Europa con mayor intensidad que al resto de países no surgió de la nada, sino que fue fomentada y agravada por la propia configuración de la zona monetaria, la cual genera constantemente desequilibrios macroeconómicos entre sus economías partícipes sin que estén contemplados mecanismos compensatorios. Así lo explica Bill Mitchell con acierto, denunciando la inexistente unidad política, fiscal e incluso bancaria de la Eurozona. Y es que en todas las regiones del planeta hay áreas más desarrolladas económicamente que otras, porque la acumulación capitalista no puede ser homogénea geográficamente, sino que favorece a unas regiones a costa de no hacer lo mismo con otras (¿acaso alguien imagina un Silicon Valley, por ejemplo, en todos los estados de Estados Unidos, o el centro de negocios financiero y administrativo madrileño en todas las provincias de España?).
Por eso existen mecanismos compensatorios –especialmente en regiones que comparten la misma moneda, ya que ello intensifica el distanciamiento económico– como las transferencias de rentas o las políticas públicas discriminatorias que, con todas sus imperfecciones, intentan que el bienestar de las personas que viven en regiones como Extremadura o Dakota del Norte no quede muy por debajo del bienestar de las personas que habitan en regiones como Cataluña o California, por poner sólo dos ejemplos. De esta forma, la inercia desequilibradora que es intensificada por monedas únicas (peseta o euro en el primer caso, y dólares en el segundo) queda suavizada a través de una movilización social del presupuesto común. Pero en España y en Estados Unidos el presupuesto es superior a la mitad de sus correspondientes niveles de Producto Interior Bruto, mientras que en la Eurozona esta cota no llega siquiera al 3 %. Es decir, en la Eurozona hay unión monetaria, pero poco más, lo cual no hace sino empeorar el hecho de que su propio diseño esté sesgado exclusivamente en beneficio de una élite. Un proyecto perverso de unión de mercaderes más que unión de pueblos, y que fue denunciado ampliamente en sus orígenes sin que la correlación de fuerzas existente en aquel entonces permitiese cambiar su desarrollo. En la actualidad nos encontramos inmersos en una enorme trampa llamada euro, que no nos permite avanzar hacia sociedades más justas al mismo tiempo que nos dificulta enormemente la marcha atrás. Se trata de una difícil encrucijada que requiere mucho esfuerzo en materia de debate académico y político por parte de todos los que queremos mejorar las condiciones de las clases populares.
Y para ayudarnos en esa noble aspiración Bill Mitchell nos regala una particular interpretación de cómo funciona el dinero, cuál es su relación con las políticas fiscales en los sistemas monetarios actuales, y cómo podrían articularse políticas económicas encaminadas a mejorar el bienestar de todos los europeos sin poner en riesgo la estabilidad macroeconómica. Este particular enfoque analítico se conoce como Teoría Monetaria Moderna, y supone un cambio de paradigma interpretativo en tanto en cuanto le da la vuelta a la extendida forma de entender cómo funcionan los bancos comerciales y centrales, así como los déficit públicos. Acorde a este marco analítico, el dinero no es más que un invento del ser humano para facilitar las transacciones económicas, una herramienta de política económica que debe utilizarse por parte de los Estados soberanos sin absurdas cortapisas como los topes de déficits públicos o de deuda pública, aunque siempre con precaución y astucia para evitar consecuencias no deseadas. De esta forma, la consecución del pleno empleo en un entorno de estabilidad de precios es un objetivo perfectamente factible a través de políticas de Trabajo...




