E-Book, Spanisch, 159 Seiten
Nieto Lejos del mar
1. Auflage 2016
ISBN: 978-84-686-8593-9
Verlag: Editorial Bubok Publishing
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection
E-Book, Spanisch, 159 Seiten
ISBN: 978-84-686-8593-9
Verlag: Editorial Bubok Publishing
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A los veinte años del comienzo de la Guerra Civil que enfrentó sangrientamente a los españoles, en la familia Hiruela algunos de sus miembros próximos al final de sus vidas se plantean la posibilidad de enterrar los odios del pasado y hacer definitivamente las paces. La historia nos cuenta las dificultades que afrontan los diferentes personajes para una reconciliación efectiva.
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SANTIAGO-1
Jobar qué día, qué poco cuesta levantarse, abro de golpe las ventanas y ya está, la pradera, qué grande, toda para mí… y para mis amigos, los caballos, las vacas, los terneros, cuántos habrá, más de cien, doscientos… paciendo sin parar, yerba fresca, aquí siempre está fresca, con tantos pozos, todavía tienen agua, casi lo veo, algunos días la yerba brilla, como si tuviera espejitos, las gotas de agua, se mueven y hacen reflejos, como las cuentas del rosario de la abuela, de cristal, está bendecido por el papa, siempre nos lo cuenta, se lo trajeron de Roma, son como las burbujas me dice el tío Celso, le gusta usar palabras raras, aquí me quedaría yo toda la mañana asomado, pero la tía Clara me llamará enseguida, seguro, por cualquier cosa, a hacer recados, vete a por esto, lo otro, este año no se ha secado el arroyo Lavega, casi se oye saltar el agua, arrastra los cantos pequeños, glo, glo, glo, como un señor gordo riéndose, uuuuy, pero qué lejos está la manada, si casi no se la ve, unos puntitos negros nada más, y los cencerros, qué pena, ni se oyen, con lo bien que suenan unos muy grandes que traen las vacas cuando vuelven por la noche, me encanta dormirme con esa música, se oye cada vez más lejos, tampoco veo a mis mejores amigos, los bueyes del Sr. Frutos, son negros pero con ese lomo rojo brillante hay días que les distingo muy bien, son los más grandes, con mucho, qué contentos se ponen cuando me acerco, muchos días les llevo un puñado de sal en el bolsillo, si no me ve la tía Clara, me lamen las manos y se les alegran los ojazos negros, son muy buenos.
Santi, Santi, date prisa, ya está tía Clara llamando, yo creo que le molesta que me quede en la ventana, si es que a veces me dan ganas de saltar, de hundirme en la pradera, como en la playa, mucho mejor, a mí me gusta más, está mullida, a la tía le da igual, claro, ella la tiene todo el año, yo creo que ni se fija, y eso que ahora que estamos a final de verano, tiene manchas amarillas, hacen un poco feo, está agostada dicen aquí, será del agosto, ahora estamos en septiembre, todavía peor, qué pena, ya me queda poco, vaya diferencia con los montes que hay detrás, todo pelados, ni un árbol, nada más que esas plantas que pinchan las piernas en cuanto me acerco, las llaman aulagas, y allá, bien arriba, unos peñascos tristes, el Cerro de los Grajos, vaya nombre, me da hasta miedo, nunca me han llevado por allí, ni me creo que haya subido nadie.
En mi tierra como dice el abuelo todo es distinto, las montañas están verdes siempre, están tan cerca que es como si se nos van a caer encima cuando pasamos en el autobús, aquí todo es más grande, más largo, no se ve dónde termina, miro, miro, no me canso, las cosas cuando están lejos… se deshacen, el cerro ese, a mediodía, se mueve, está temblando y luego desaparece, dónde se meterá.
Voy, tía, voy, no para de llamar, qué voces, ahí va, ahora que me acuerdo, si hoy es la fiesta, se me había olvidado, encima vienen muchos invitados a comer, yo ni los conozco, bueno, pues ya tengo trabajo, nada de desayunar despacio como otros días, con la Lobita tumbada a mi lado y los gatos que vienen siempre maullando a frotarse en mis piernas hasta que se van a su rincón de la cocina a esperar que les dé las sobras, muchas veces los tengo que retirar a empujones porque no me dejan ni coger el desayuno, qué harán los pobres bichos cuando no estoy yo.
Esta leche todavía está caliente, la habrá acabado de calentar tía Clara, qué buena es, si me riñera un poco menos… uuumm, qué rica la torta de aceite y azúcar, ya se nota que estamos en la fiesta, ayer la hizo la tía en el horno, yo con ella, me divierto mucho viendo cómo hace la masa, y luego las tortas, los panes, nos tiramos casi todo el día, tengo que darme prisa, el sol está dando en la mitad de la cocina, malo, ya voy con retraso, puede haber más que palabras… pero como hoy es la fiesta…
Ras, ras, ras, la navaja del abuelo, la conozco, como si segara la barba, siempre la lleva larga y se le resiste como a mí la hierba con el dalle, por eso no me lo dejan casi nunca, ras, ras, no sé, y dice que no le duele, muchos días me deja entrar, hoy ha entornado la puerta, está un poco más serio, será por la comida, le espío por la rendija, se ha quitado la boina, la tiene colgada en lo alto de la silla, que le espere, le veo la calva blanca, es el único momento en que se la puedo ver, tiene la vista fija en un espejo muy pequeño colgado en el cierre de la ventana de su cuartito de aseo, es solo suyo, a nosotros no nos dejar usarlo, maneja la navaja con las dos manos, con mucha calma, primero hacia abajo, luego hacia arriba, estira el cuello con la cabeza de lado, como hace nuestro gallo, no es chulo ni nada, es que ni respira, si se mueve, peligro de corte y a sangrar, más de una vez le ha pasado, de vez en cuando pasa la navaja por un cuero, para suavizarla, Santi, me lo explicó un día, hace un ruido como el de los platillos de los músicos, yo ni palabra hasta que acaba y sale, abuelo, no te duele, nada Santi, pero es un fastidio, cada día me cuesta más, la cara mejor como tú, la piel fina.
El abuelo Lázaro se afeita todos los días con unas cuchillas como las que tengo yo para sacar punta a los lapiceros y acaba en un periquete, no tiene que poner la cara rara ni hinchar los carrillos, ni mira con unos ojos que se le salen como el abuelo Máximo, va muy deprisa y hay días que hasta hace que canta, con la boca cerrada, canciones marineras que son las que le gustan.
Que vayas a la fuente ha dicho tu tía, y lo peor, volver en seguida, nada de mariposas, coge los dos botijos grandes y sal a escape, ya sabes cómo se las gasta, todavía no la he visto hoy, andará muy atareada, puede que esté nerviosa con la comida y… con ese primo suyo que viene, me he fijado que pone una cara distinta cuando el abuelo habla de ese Félix, se la nota, pero lo disimula, el abuelo me ha dicho que cuando los dos eran pequeños se llevaban muy bien, estaban muchas horas juntos, como tú con la Trini, je, je.
O sea que nada de mariposas hoy, con lo que me gusta llevar el trasto ese que me hizo el abuelo con un retel viejo y el palo de una escoba, siempre cae alguna para la colección, este año ya tengo llenos los frascos de inyecciones que me guarda el abuelo, aquí la mayoría son blancas, de colores muy pocas, ninguna como las que se ven en nuestro libro de ciencias naturales, cuántos colores, y tamaños, ni de lejos, son todas parecidas y muy pequeñas, por lo menos el abuelo me deja llevarme a la perra, cómo no, pero date prisa y no te entretengas con nadie, por si las moscas.
Ya estás pensando en Trini, abuelo, te conozco, cuando está en El Casar no nos separamos en todo el día, a veces hasta de noche si se descuidan sus abuelos, qué pena que viene tan poco, no nos da tiempo de aburrirnos, yo me troncho de risa con las cosas que me cuenta, me hace gracia cómo habla, de una amiga que tiene, dice que es un peligro, debe ser por los chicos, y de su colegio, lo que más le gusta es hablar de las monjas, de lo malas que son, las pone verdes, a mí me encanta oírla, la otra noche estuvimos jugando a los novios como dice ella, allí, de pie, Trini con la espalda apoyada en la puerta de la casa de los cazadores, como está vacía siempre no podía vernos nadie, estábamos mirándonos y no parábamos de reírnos, nos abrazamos, y sin darme cuenta Trini se levantó despacio el vestido, quería enseñarme las bragas de flores que le había comprado su madre, me llevó la mano para que la acariciara y después me bajó el pantalón y me acarició muy despacio, me entró una cosa, al principio eran cosquillas, estaba temblando, no me había pasado antes, ella riéndose todo el tiempo, me ajuntas Santi, pues claro, y tú a mi, no, nos arreglamos la ropa a toda prisa y salimos de la mano hacia casa medio a escondidas.
Qué risa una vez, nos descubrió su tío Graciano, estábamos jugando a la orilla del río, ya estás haciendo cosas malas, perillán, empezó a gritar desde lejos, ni caso le hicimos, siempre está enfurruñado y se lleva mal con todo el mundo, sobre todo con Trini, aunque luego anda diciendo que la defiende de un espabilao como yo, menos mal que no vive aquí, solo viene de vez en cuando, a las ovejas, vaya tío.
El otro día soñé que me casaba con Trini y que nos íbamos de viaje de novios, subíamos a uno de esos trasatlánticos, como el Reina de los Mares, uno muy grande que nos visita todos los meses en invierno, me encanta verlo cuando sale del puerto, lleno de pasajeros extranjeros, todos muy ricos, con sombreros, anillos de oro, señorones muy elegantes, algunos con la piel muy morena, ni sé de dónde vendrán, yo subía muy serio por la escala, con Trini agarrada a mi brazo, paso a paso, hasta que llegábamos a bordo, entonces nos girábamos sonrientes, decíamos adiós con las manos y nos despedíamos para siempre de nuestros familiares que desde tierra agitaban pañuelos y lloraban sin parar, luego zarpábamos felices rumbo a las Américas, las del Norte y las del Sur… todavía no se lo he contado a Trini, menos mal que la voy a ver luego, en la comida, el abuelo quiere que venga a comer con nosotros, espero que no la riñera su abuela por llegar tarde.
Santi, hoy tienes que portarte muy bien, qué serio se ha puesto el abuelo, yo aquí, con los botijos en la mano, Santi, pórtate bueno, como me decía a mí el maestro, me tiene cogida la frente entre sus dos manos para que le mire a los ojos, ya sabes que viene mucha gente a comer, no vienen hace muchos años, tú...




