Pelluchon | Ecología como nueva Ilustración | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 352 Seiten

Reihe: Pensamiento Herder

Pelluchon Ecología como nueva Ilustración


1. Auflage 2022
ISBN: 978-84-254-4836-2
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection

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Reihe: Pensamiento Herder

ISBN: 978-84-254-4836-2
Verlag: Herder Editorial
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El legado de las Luces está en crisis. Su confianza ciega en la razón y la tecnología resulta ingenua frente a la emergencia ecológica que vivimos. Ante esta situación, no son pocos los intelectuales que han optado por buscar alternativas a la Ilustración, transitando a menudo los peligrosos senderos del antirracionalismo o el autoritarismo. Sin embargo, ¿debemos desechar la Ilustración en su totalidad? ¿Es acaso un proyecto estanco, inamovible, caduco? ¿Se puede actualizar, más de doscientos años después, un pensamiento cuyo objetivo era la autonomía del ser humano? Corine Pelluchon aborda lúcidamente estos interrogantes para relanzar, en un contexto de colapso eco-social, los presupuestos críticos y emancipadores del movimiento ilustrado original, pero purgando el antropocentrismo y ajustándolo a los límites biofísicos que impone nuestro planeta. Una razón absoluta, que ha devenido racionalidad instrumental, da paso así a la humildad de un pensamiento que se sabe eco-dependiente. Este es, según la apuesta de la autora, el único camino para una democracia respetuosa con la naturaleza.

Corine Pelluchon (1967) es una pensadora de referencia en cuestiones de ética aplicada, animalismo y ecología. Desde hace unos años destaca como una figura clave del movimiento antiespecista. Es doctora en Filosofía por la Universidad de París-Sorbona y profesora en la Universidad de París-Est-Marne-La-Vallée. Ha publicado más de una decena de libros entre los que se encuentran Manifiesto animalista: politizar la causa animal y Reparemos el mundo. Humanos, animales, naturaleza.
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Introducción


Se le puede atribuir un sentido a esa interrogación crítica sobre el presente y sobre nosotros que Kant ha formulado al reflexionar sobre la Aufklärung. [...] La ontología crítica de nosotros mismos no hay que considerarla, ciertamente, como una teoría, una doctrina, ni siquiera un cuerpo permanente de saber que se acumula; hay que concebirla como una actitud, un éthos.

MICHEL FOUCAULT, ¿Qué es la Ilustración?

LA ILUSTRACIÓN COMO PREGUNTA CRÍTICA Y COMO PROCESO


La Ilustración se caracteriza por la afirmación de la autonomía de la razón y por la decisión de los individuos de tomar el destino en sus propias manos. «Ilustración» expresa esencialmente una actitud, un «éthos filosófico» que consiste en interrogarse de manera crítica sobre el presente y que constituye la propia época en objeto de su pregunta para identificar los desafíos que ella debe abordar.1 Al reconocerse como parte de la historia de la modernidad, la Ilustración se opone a las actitudes de contramodernidad que ya se manifestaron en el momento de su aparición.

Concebir así la Ilustración implica que nuestra identidad depende de cómo ratificamos o rechazamos su herencia y el hecho de que esta todavía esté inacabada. Las nociones que la Ilustración ha colocado en el corazón de la filosofía, de las ciencias, de la moral, de la educación, de la política y de la estética constituyen sin duda un núcleo identificable, pero su contenido evoluciona. La Ilustración no es estática; cambia con el paso del tiempo y en función del lugar donde se difunde, absorbiendo y reorganizando elementos nuevos en función de los acontecimientos o los descubrimientos y por la influencia de sus detractores. Aunque casi nadie se atreve hoy a hablar de un progreso de la civilización y que, desde el siglo XX, la modernidad parece ser la expresión de una razón que se ha vuelto loca, la Ilustración tiene que hacer su propia autocrítica.2 La idea central de esta obra es que, en el contexto ecológico, tecnológico y geopolítico actual, una revisión de sus fundamentos que lleve a la superación de su antropocentrismo y de sus dualismos, en particular el que opone naturaleza y cultura, es la única manera de prolongar su obra de emancipación individual y social. Es también el único medio de evitar el colapso y la guerra que aparecen como consecuencias inevitables de un modelo de desarrollo aberrante y deshumanizador.

Podemos seguir presentando la Ilustración si insistimos en su unidad, que descansa sobre un cuerpo doctrinal que subraya su coherencia,3 o, al contrario, si destacamos su heterogeneidad e incluso sus antagonismos.4 Estas dos interpretaciones son pertinentes por igual. En general, cuando un pensador siente la necesidad de expresarse sobre la Ilustración es porque experimenta la urgencia de advertir a sus contemporáneos de los peligros que los amenazan o de recordarles las promesas que han de cumplir. Hay también muchas historias de la filosofía de la Ilustración y, en los diversos relatos que reconstruyen el recorrido de la modernidad, no son siempre los mismos los autores que se celebran como héroes o que son vilipendiados como traidores.

La Ilustración es, pues, a la vez, una época, un proceso y un proyecto. Representa sobre todo el acto por el que una generación, mediante un giro reflexivo sobre sí misma, busca generar un nuevo imaginario. Pensada como una época que se da nombre a sí misma —las Luces—, tiene su divisa y define su tarea,5 no solo pertenece a un siglo y a un lugar, Europa, y no debe reducirse a la síntesis de ideas difundidas desde finales del siglo XVII y que culminan con la Revolución francesa.6 La Ilustración representa también un acontecimiento: considerar el propio tiempo como una época y decir que esta pertenece al ámbito de las Luces equivale a pensar que ciertos cambios inauguran una nueva era que marcará la historia y hasta abre una dimensión de esperanza.

Por eso, los filósofos de finales del siglo XVII y del siglo XVIII eran conscientes de estar asistiendo al advenimiento de la modernidad, que es indisociable de la exigencia de «encontrar en la conciencia sus propias garantías»,7 y de fundar el orden social, la moral y la política sobre la razón. Sabían que, pese a los combates que tendrían que librar por defender ese ideal, ya no sería posible fiarse de los pilares del viejo orden y remitirse a la autoridad de la tradición, fuera esta la de la religión, la de las costumbres o la de las jerarquías sociales. Al tomar su siglo como objeto de estudio, las Luces inician también una nueva forma de filosofar: cada generación de pensadores tenía ahora la oportunidad de orientar el curso de la historia a través de la crítica.

Así, quienes creen que es posible y hasta necesario enlazar con los ideales de la Ilustración se inscriben en un proceso de emancipación que concierne a la vez a la autonomía del pensamiento, al gobierno de sí mismo y a las condiciones de la libertad política, y buscan completarlos. Por todas esas razones, la Ilustración no puede compararse a un cuerpo de doctrinas que simplemente debiera adaptarse a contextos, épocas y continentes diferentes. Nacida del deseo de verdad y de libertad intrínseco del corazón de nuestra humanidad, es una cita que nos damos a nosotros mismos, lo cual significa también que no se trata de un fenómeno exclusivamente europeo.

No solo los principios de igualdad y de libertad que han desembocado progresivamente en la construcción de la democracia en Europa y en Estados Unidos han inspirado a otras regiones del mundo, sino que, además, los orígenes culturales de la modernidad no provienen únicamente de nuestro continente.8 Así como hay unidad y diversidad en la Ilustración, hay también muchos focos donde han aparecido los ideales de emancipación individual y social, dentro y fuera de Europa, antes y después del siglo XVIII. Esos ideales se han expresado de diversas maneras, según los contextos culturales, como atestiguan la Ilustración inglesa, alemana, francesa o escocesa, pero también según las distintas formas en que la Ilustración europea se extendió a otras poblaciones, contribuyendo a su emancipación o sometiéndolas.9

Además, la idea de emancipación ha adoptado diversas formas con el paso del tiempo hasta poner en entredicho determinadas opiniones defendidas por los autores considerados cabezas de fila de la Ilustración, ya sea Voltaire, Locke o Kant. Eso es particularmente visible en las reivindicaciones feministas o en los movimientos en favor de los derechos civiles y del reconocimiento de las minorías culturales y étnicas. A la vez que recurrían a la filosofía de los derechos humanos para denunciar las contradicciones entre la afirmación de la igual dignidad de todos y el mantenimiento de la esclavitud, la subordinación de la mujer y la discriminación de los pueblos autóctonos, esos movimientos han combatido el racionalismo supuestamente neutro de las Luces y su universalismo hegemónico y han puesto de manifiesto, igualmente, los prejuicios sexistas y racistas de algunos de sus representantes más célebres.10

Estas paradojas y la tensión entre la unidad y la diversidad de la Ilustración dejan de ser aporías cuando recordamos que esta no consiste en una transferencia de elementos doctrinales a contextos diferentes, sino en una reorganización perpetua de ideas que, al enfrentarse con la realidad, no son ya exactamente las mismas que se expresaron en el pasado. Cada época y cada sociedad pueden redefinir la Ilustración y liberar un potencial que no siempre ha sido visible antes, aunque solo sea porque las polémicas con las que siempre se ha asociado a la Ilustración —porque siempre representa una reflexión crítica sobre el presente, como diferencia o como ruptura— conduzcan a las mujeres y a los hombres que se inspiran en ella a insistir en un aspecto más que en otro. Así, por ejemplo, en los países del mundo árabe la Ilustración puede invocarse para denunciar las pretensiones de los representantes religiosos por controlar el orden social con el fin de imponer una teocracia. En Francia, donde la religión y la política están separadas, la referencia a la Ilustración sirve a menudo para denunciar nuevas formas de oscurantismo que alimentan la intolerancia, la cual se basa en prejuicios y odios racistas, y ponen en peligro la salud de la democracia.

EL PROYECTO DE LA ILUSTRACIÓN Y LA ANTI-ILUSTRACIÓN


Pensar la Ilustración hoy requiere reflexionar sobre el sentido que pueden tener, en el contexto actual, el universalismo, la idea de la unidad del género humano, la emancipación individual y la organización de la sociedad de acuerdo con los principios de libertad e igualdad. Siendo la relación entre el auge de las técnicas y el progreso de la libertad menos simple de lo que pudo creerse en el siglo XVIII, «el análisis de nosotros mismos en tanto que seres históricamente determinados, en cierta medida, por la Aufklärung […] implica una serie de investigaciones históricas [...] sobre aquello que no es o no es indispensable para la constitución de...



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