E-Book, Spanisch, 499 Seiten
Riva Palacio / Payno El libro rojo
1. Auflage 2024
ISBN: 978-607-16-8258-1
Verlag: Fondo de Cultura Económica
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection
E-Book, Spanisch, 499 Seiten
ISBN: 978-607-16-8258-1
Verlag: Fondo de Cultura Económica
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La historia se escribe día con día, y el tercer volumen es el resultado de una de las más grandes empresas editoriales mexicana de los siglos XIX y XX, que se propone volver al ejercicio respetando su sentido original. Cerca de trescientos autores compendian una suerte de antología abreviada de crímenes ocurridos en México entre los años de 1959 hasta 1979.
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PRÓLOGO
CARLOS MONTEMAYOR
I
Éste es el libro de la muerte en México. El libro de la sangre que ha enrojecido la tierra, las plazas, los ríos, las piedras de México. El libro de la muerte que no quedó en los dibujos de Posada ni de Diego Rivera, que no quedó en el azúcar ni en la dulce, amarilla harina del pan, sino en la brutalidad, en la cárcel, en la codicia, en la miseria humana que se ha abatido sobre México. En sus páginas se mantiene la memoria de cómo ha sucumbido la vida entre nosotros.
Por la sangre, la traición, el crepúsculo de la vida de traidores y de héroes; por el crepúsculo de la vida de sometidos, de esclavos, de víctimas, enrojece; corre sangre enrojeciendo sus páginas, sangre que lo hace un cárdeno grito de vencidos o torturados, un Libro rojo. En él se revela que no proviene de nuestra sangre indígena la tradición del sacrificio humano, sino de la que llegó de España. Que la traición, el sacrificio de los mejores, la barbarie en las ciudades, nació de las blancas manos de los españoles contra sí mismos, contra indígenas, contra negros, contra Dios, contra la verdad, contra la dignidad; que hicieron del sacrificio humano en México otro de sus legados más profundos, más desoladores. Este libro espanta por la revelación de todo lo que ha sido posible en México, de toda la muerte que ha sido posible padecer en México.
II
En 1870, a tres años del restablecimiento de la república, Manuel Payno y Vicente Riva Palacio firmaron los relatos incluidos en este libro. Manuel Payno, nacido en 1820, había alcanzado ya para entonces el pináculo de su vida pública y literaria. Había sido meritorio en la Aduana de México y contador en la Aduana Marítima de Matamoros, que fundara con Guillermo Prieto; en 1840, secretario del general Mariano Arista, en el Ejército del Norte, y posteriormente jefe de sección, como teniente coronel, en la Secretaría de Guerra; a partir de su nombramiento como administrador general de la Renta Estancada del Tabaco y después como contador de la Fábrica Nacional de Tabacos, comenzaría a participar en el ramo de Hacienda, en donde posteriormente serían más importantes sus servicios públicos. En 1842 fue diplomático en América del Sur; luego se le envió a Nueva York y a Filadelfia a estudiar su sistema penitenciario, de donde regresó para advertir al gobierno de la inminente expedición militar de Taylor contra México; al ocurrir esa ocupación estadunidense le tocaría establecer, mientras participaba en las guerrillas, un servicio de correo secreto desde el mismo puerto de Veracruz, en ese momento ocupado por los invasores. En 1850 fue secretario de Hacienda, logrando entonces magníficas medidas en la negociación de la deuda externa, de la que pudo reducir los intereses. Después del destierro y al triunfo del Plan de Ayutla volvió, en 1855, a ocupar el puesto de secretario de Hacienda en el año de 1858. En 1863 fue encarcelado por las fuerzas conservadoras y a la llegada de Maximiliano, puesto en libertad. Al restaurarse la república lo eligieron diputado por Tepic, puesto para el que lo reelegirían tres veces.
En literatura había publicado ya dos de sus obras más importantes: El fistol del diablo y El hombre de la situación; también sus Memorias e impresiones de un viaje a Inglaterra y Escocia. De temas históricos había publicado el Compendio de la historia de México (de uso oficial en escuelas primarias) y varios opúsculos sobre Iturbide, las relaciones entre los Estados Unidos y México, la ocupación estadunidense y el golpe de Estado de 1857. De asuntos económicos ya era autor de Cuentas, gastos, acreedores y otros asuntos del tiempo de la intervención francesa y del imperio (1861-1867) y México y sus cuestiones financieras con la Inglaterra, la España y la Francia.
Si Manuel Payno era ya, a sus 50 años, una figura notabilísima en el momento en que redactaba El libro rojo, Vicente Riva Palacio, a los 38, había desplegado también, por su parte, una enorme labor como militar y escritor durante las álgidas convulsiones civiles en México. Nacido en 1832, y nieto por línea materna de Vicente Guerrero, concluyó sus estudios de derecho en 1854; en la lucha contra la intervención había iniciado su brillante carrera militar, primero, armando por su cuenta un grupo junto al cual entabló lucha de guerrillas y, luego, en 1863, como gobernador del Estado de México y triunfante defensor de la plaza de Zitácuaro ante los embates de los ejércitos enemigos. En 1865, durante la resistencia al imperio, fue nombrado gobernador del estado de Michoacán y luego, por la muerte del general Arteaga, jefe del Ejército del Centro. Cuando el territorio de Michoacán fue recuperado por la república, entregó el mando del Ejército del Centro y organizó una nueva brigada con la que recuperó la plaza de Toluca en el año de 1867; poco después, durante ese mismo año, participó con los ejércitos que comandaba el general Escobedo en el sitio a la ciudad de Querétaro, último reducto del imperio. Tocó a Vicente Riva Palacio conducir prisionero a Maximiliano desde el convento de la Cruz hasta la ciudad de Querétaro; curiosamente su padre, don Mariano Riva Palacio, sería designado días más tarde por el propio Maximiliano, al lado de otros juristas, su abogado defensor en el proceso que le siguieron como prisionero de guerra. Una vez restaurada la república, renunció a sus cargos militares y al gobierno del estado de Michoacán y retornó a la ciudad de México. Fue entonces cuando se entregó a una labor intensa de investigación que fructificó en varios libros y en el inmenso influjo de su actividad intelectual en el México de su tiempo. Tal labor, plasmada en el periodismo, la literatura y la historia, se vería interrumpida aún varias veces por sus responsabilidades políticas e incluso por el encarcelamiento. Llegó a magistrado en la Suprema Corte de Justicia, secretario de Fomento y diplomático en Madrid.
Para 1870, Vicente Riva Palacio era ya autor de un buen número de obras que aparecieron en los tres o cuatro años inmediatos a la publicación de El libro rojo. En 1868 había publicado la novela histórica Calvario y Tabor así como dos de sus primeros trabajos sobre la Inquisición: Monja y casada, virgen y mártir y Martín Garatuza. En 1869 aparecieron Las dos emparedadas y Los piratas del Golfo. En 1870 publicó otra novela histórica, La vuelta de los muertos y, al año siguiente, El libro rojo y sus obras dramáticas en verso, Las liras hermanas.
La idea de El libro rojo constituía pues un paso en la evolución de su pensamiento histórico y narrativo. Su literatura, fuertemente vinculada con la pasión histórica y con el desentrañamiento de México, le permitiría recoger, con gran claridad selectiva, ciertos momentos cruentos de la historia de México. No se trataba, como aclararemos más adelante, de un libro que registrara los hechos más atroces, sino aquellos que ilustraran sólo la evolución que esos sacrificios significaron en la historia de México. Podemos vislumbrar, ya en ese momento, al Vicente Riva Palacio que cuatro años más tarde fundaría el célebre diario político El Ahuizote (desde el que atacaría al gobierno de Lerdo de Tejada), o al historiador que concertaría espíritus y lograría concretar la obra magna de México a través de los siglos (de cuyo segundo tomo, el dedicado al virreinato, sería el autor), antecedente, por supuesto, de la tarea que, exactamente un siglo después, emprendería entre nosotros con la historia moderna Daniel Cosío Villegas.
III
La posición literaria y política de Manuel Payno y de Vicente Riva Palacio en 1870 puede permitirnos, pues, una comprensión muy amplia de El libro rojo; fundamentalmente, la intención de situarlo entre los años límites de 1520 y 1867, y la intención de su estructura y contenido. A menudo el remate de cada texto contiene la voluntad expresa, la razón explícita de por qué fue seleccionado ese hecho; en otros, aunque pareciera más difícil entender su inclusión, podemos apreciarlos también (en el contexto general del libro) dentro de una visión progresiva de la civilización en México.
Manuel Payno y Vicente Riva Palacio podían sentirse, en ese año de 1870, a tres años de la muerte de Maximiliano y del restablecimiento de la república; después del proceso de disensiones civiles que supuso la Reforma; de la Constitución de 1857 y de la ocupación y movilidad política de los cuadros dirigentes de ese siglo; de haber resistido la invasión estadunidense y la invasión francesa; de haber visto derrumbarse en un mismo siglo dos voluntades europeas queriendo dominar México; y después de toda esa larga lucha social y personal; repito, Manuel Payno y Vicente Riva Palacio podían sentirse testigos del primer momento, en realidad consistente, de la independencia de México. Podían creer, quizá gozar del raro privilegio de ver, desde esa recién adquirida libertad del país, como una inmensa, inacabable llanura que ya había traspuesto toda su historia. Podían creer que la historia del yugo había terminado, que era el momento de volver a mirar el camino recorrido, hacer un recuento de los muertos, de los sacrificios, de los reveses. El libro rojo aparecería como un registro singular de la muerte que México vivió durante ese proceso de su civilización.
Su talento de...




