Slim | Pimp, memorias de un chulo | E-Book | www.sack.de
E-Book

E-Book, Spanisch, 360 Seiten

Reihe: Colección ensayo

Slim Pimp, memorias de un chulo


1. Auflage 2018
ISBN: 978-84-945311-5-6
Verlag: Capitán Swing Libros
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark

E-Book, Spanisch, 360 Seiten

Reihe: Colección ensayo

ISBN: 978-84-945311-5-6
Verlag: Capitán Swing Libros
Format: EPUB
Kopierschutz: 6 - ePub Watermark



A finales de 1960 y principios de los 70, si uno quería un libro de Iceberg Slim, el último antihéroe del gueto, no podía acudir a una librería sino a una peluquería o a una tienda de licores afroamericana. Pimp. Memorias de un chulo (1967) es un tipo diferente de historia estadounidense, la historia de un joven decidido a tomar lo que la sociedad no quiere dar. Un retrato hirviente, sucio y crudo de la brutalidad, la astucia y la codicia de un proxeneta en los bajos fondos de Chicago. Una sonora advertencia contada por un auténtico superviviente que, casi 50 años después, estremece como el primer día. Esta es la historia de la vida de Iceberg Slim: su secreto mundo interior, los olores, los sonidos, los miedos y los pequeños triunfos en su peculiar mundo, los siempre acechantes peligros de la cárcel, la adicción y la muerte. Un viaje por el infierno de un hombre que vivió para contarlo y terminó dando voz a las prostitutas y estafadores del gueto. El libro que trajo la literatura negra a las calles vuelve a mostrar a la generación hip hop de qué va todo esto. Lo que El arte de la guerra de Sun Tzu fue a la antigua China, Pimp lo es a las peligrosas calles.

Iceberg Slim. Chicago, 1918 - Culver City, 1992 Robert Beck (nacido Robert Lee Maupin), más conocido como Iceberg Slim, fue un proxeneta estadounidense que posteriormente se convirtió en un autor influyente para la comunidad afroamericana. Sus novelas fueron adaptadas al cine y las imágenes y el tono de su ficción han influido a numerosas estrellas de rap como Ice T, Ice Cube o Snoop Dogg. En 1961, tras pasar diez meses de confinamiento solitario en la cárcel del condado de Cook, Slim pensó que era demasiado viejo e incapaz de competir con los proxenetas jóvenes, cada vez más despiadados. Se mudó a Los Ángeles, cambió su nombre por el de Robert Beck, y al poco tiempo se casó con Betty Shue, quien le animó a escribir la historia de su vida como una novela. Muchos de sus amigos todavía estaban vivos cuando escribió el libro, así que cambió sus nombres y descripciones y creó personajes compuestos de algunos de sus exempleados. El libro fue clasificado rápidamente como el típico relato literario de la gente de color. Sin embargo, la visión de Beck era considerablemente más sombría que la de la mayoría de los escritores negros de la época. Su trabajo, basado en sus experiencias personales en el mundo del hampa, revelaba un mundo de brutalidad aparentemente sin fondo.
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Introducción

Irvine Welsh

La pasada primavera, de camino a ver un partido de los White Sox, atravesaba barriadas negras del sur de Chicago con el escritor estadounidense Don de Grazia. Nos dirigíamos a Bridgeport, un antiguo enclave ítalo-irlandés de las áreas urbanas divididas por orígenes étnicos, donde pretendíamos hacer parada para comer antes de llegar al estadio de béisbol, el US Cellular Fields. Chicago ha cambiado mucho desde que Don escribiera American Skin, su aclamada novela sobre los cabezas rapadas provenientes de las clases trabajadoras blancas. Los jóvenes que merodean por las esquinas de Bridgeport se visten ahora de modo indistinguible al de los chicos negros con los que nos habíamos cruzado al otro lado del puente elevado.

Se trata de un fenómeno omnipresente. Desde los barrios del interior de Londres hasta la cultura de masas de Hollywood, la influencia de la cultura «callejera» negra estadounidense es —sorprendentemente— casi hegemónica. Don, nuestro amigo Marty y yo comentábamos la ironía de que las guerras mundiales de la cultura las hubiera ganado la sección más desposeída y calumniada de la sociedad occidental: los jóvenes negros de los guetos estadounidenses.

Mi interés en la cultura afroamericana comenzó después de leer Alma encadenada, la biografía de Eldridge Cleaver, miembro de los Panteras Negras. Había algo en su estilo, su irreverencia, su rencor y su manifiesta insolencia (pese al estrecho flirteo de Cleaver con la violencia sexual como supuesto complemento de la liberación negra), que inmediatamente hizo sonar algo dentro de mí. En aquel entonces, cuando yo era un joven blanco de clase trabajadora en uno de los lugares étnicamente menos diversos de Europa, no reconocí su estilo como algo que me hubiera rodeado durante mi infancia. Sin embargo, poco a poco caí en la cuenta de que había oído versiones de aquello mismo en el patio del colegio, por las esquinas, en la calle y en los bares.

Pese a sentir rencor e intranquilidad y a tener conciencia política durante mi juventud, siempre fui ambivalente en lo relativo a las aproximaciones revolucionarias. Aquello me parecía que giraba en torno a tipos de clase media que utilizaban cualquier partido marginal como foro personal, espoleados por el mismo tipo de histeria y moralidad hipócrita que dominaba las páginas del Daily Mail que leían sus padres. Eldridge Cleaver no era, qué duda cabe, un crío de clase media que se entretenía con un psicodrama; tanto él como los de su clase provenían de lugares donde la gente sufría un daño y una desventaja directa originada en las políticas del sistema. A través de él llegué a Huey Newton, Angela Davis, Bobby Seale y, finalmente, a Malcolm X.

Sin embargo, en mi trayectoria personal tendría una relevancia mucho mayor la autobiografía de un tipo de Chicago que cogí en una librería de segunda mano del Soho. El nombre del autor, Iceberg Slim, era ya lo bastante llamativo, pero además el libro tenía un título evocativo aunque sucinto: Pimp. ¿Cómo iba uno a dejar pasar un libro llamado Chulo, escrito por un tal Iceberg Slim? Tal y como indicaba el subtítulo, se trataba de la historia de la vida del autor. Las páginas interiores corroboraban la promesa de la portada: la historia estaba narrada sin concesiones y con la agudeza, el brío, la rabia y el humor que caracterizaban la escritura negra revolucionaria que me había cautivado.

Más tarde supe que Slim había escrito también «auténticas» novelas. En otra librería de segunda mano me hice con una copia harapienta de Trick Baby, que llevaba mucho tiempo descatalogada en Reino Unido. Yo había construido la creencia de que una de las ambiciones de todo buen escritor debía ser contar la verdad sobre el poder y la ortodoxia, pero hacerlo del modo más entretenido que la imaginación pudiera concebir. Tras leer Trick Baby quedé convencido de que Iceberg Slim era un escritor con una misión y no solo un divertido cuentacuentos callejero. Busqué sin descanso el resto de sus obras.

Antes de ser conocido como Iceberg Slim o Robert Beck (en quien se convertiría posteriormente), se llamaba Robert Lee Maupin y había nacido en Chicago el 4 de agosto de 1918. Gran parte de su infancia transcurrió en la empobrecida zona norte de Milwaukee y, antes de regresar ya en la adolescencia a Chicago, en un enclave industrial integrado como la Ciudad del Viento en el estado de Illinois: Rockford —una población permanentemente incluida entre las más depauperadas y deprimidas de Estados Unidos—. Abandonada por su padre, la madre de Robert sacó adelante a la familia trabajando como empleada doméstica y en su propio salón de belleza. Posteriormente, su hijo —con escasa benevolencia— la señalaría como responsable de su disposición para el estilo de vida de un chulo por haberlo consentido durante la infancia.

En su adolescencia, Robert asistió brevemente al Instituto Tuskegee, a mediados de los años 30, en un ciclo vital paralelo al de Ralph Ellison, el autor de El hombre invisible, si bien los dos se movían en círculos distintos, inconsciente el uno de la presencia del otro.

Robert era un joven alto y ágil —un aspecto que mantendría hasta bien entrada la madurez, a pesar de su afición a la cocaína, la heroína y el whisky—, lo que sumado a su piquito de oro atraía hacia él a las mujeres, y en particular a un determinado tipo de mujer. Comenzó a ejercer de chulo a los dieciocho años y se dedicó a la profesión hasta alcanzar los cuarenta y dos. Por el camino adoptó el alias «Iceberg Slim». Se dice que lo bautizaron con ese apodo tras verse implicado, sin inmutarse, vaso de whisky en mano, en un tiroteo en un bar. Esta escena tópica de cantina del Salvaje Oeste quizá supone una reelaboración en cierto modo mitificada de lo sucedido, pero el hecho de que el apodo quedara fijado es en sí mismo revelador. Probable en mayor medida es que se trate de una referencia más mundana a su fría crueldad como chulo y a su delgada complexión.

Slim fue y posiblemente dio forma al arquetipo del chulo y/o buscavidas callejero en las películas dirigidas a principios de los 70 al público negro (el género conocido como blaxploitation), desde el personaje violento y perpetuamente tenso hasta su forma más benigna en el papel de Huggy Bear encarnado por Antonio Fargas en la serie original Starsky y Hutch, y con el toque de «hielo» de Snoop Dogg en la nueva versión. Operaba en las implacables calles de Chicago y a sus actividades siguieron varios periodos de encarcelamiento. Pasó una temporada en Leavenworth y posteriormente la mayor parte de 1960 languideciendo recluido en aislamiento en el correccional del condado de Cook. Para un hombre tan entusiasta y parlanchín, las rejas demostraron ser una carga pesada y fue este último periodo en prisión el que finalmente motivó a Slim para rechazar ganarse la vida mediante la delincuencia e intentar escribir sus experiencias.

Se trasladó a California en los años 60 para dedicarse a la escritura, por lo que cambió su nombre por el de Robert Beck, para lo que tomó el apellido del entonces marido de su madre. Fue un tributo extraño, muestra de la ambivalencia de la que era posiblemente la más significativa de todas sus relaciones personales.

Pimp: memorias de un chulo, descrita como «novela autobiográfica», fue publicada en 1969 por la editorial Holloway House y supuso la transición más relevante para su autor: de chulo a artista. El New York Times decidió que el tema en cuestión era demasiada tela que cortar y rechazó incluir un anuncio del libro. Aun así, Iceberg Slim vio que su obra se situaba en la misma balda que las de otros autores negros de los turbulentos años 60, como Alma encadenada de Cleaver, Seize the Time de Bobby Seale, y la Autobiografía de Malcolm X. Cuando los movimientos políticos negros más militantes en la década de los 70 comenzaban a ganar peso en las comunidades afroamericanas, Slim conoció a Huey P. Newton y a otros miembros del Partido Panteras Negras, hacia quienes sentía gran admiración y consideraba sus almas gemelas. Inicialmente, debido quizá a cierta ingenuidad política o a la necesidad de justificar su pasado criminal, consideró su éxito como chulo un golpe directo contra la opresión blanca. Los Panteras Negras, no obstante, mostraban escasa consideración hacia él, puesto que entendían que su ocupación anterior era poco más que la explotación de su propio pueblo con fines personales.

Sin embargo, los libros de Slim tuvieron éxito, logró inmediatamente atraer una amplia atención entre la juventud negra. Incluso Hollywood se interesó; tras el éxito de El padrino, la elegancia de los gánsteres se puso de moda y Universal Pictures se hizo a toda prisa con los derechos cinematográficos de Pimp, si bien el proyecto se consideró demasiado conflictivo y quedó postergado a perpetuidad. Durante muchos años han existido insistentes rumores de que la película estaba por fin a punto de empezar su producción, con los raperos rivales Ice T y Ice Cube, que toman de Slim el primer término de sus apodos, rivalizando por el papel protagonista. Sea como sea, la era de la blaxploitation sí dio a luz en las pantallas a Trick Baby, estrenada en 1972 y dirigida por Larry Yust.

Para ser un hombre que se ganó la vida como impetuoso y despiadado charlatán, y a pesar de su justificada aunque a menudo fanfarrona valoración de su propio intelecto,...



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