Zorrilla | Entre clérigos y diablos | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, Band 457, 168 Seiten

Reihe: Teatro

Zorrilla Entre clérigos y diablos


1. Auflage 2010
ISBN: 978-84-9897-893-3
Verlag: Linkgua
Format: EPUB
Kopierschutz: Adobe DRM (»Systemvoraussetzungen)

E-Book, Spanisch, Band 457, 168 Seiten

Reihe: Teatro

ISBN: 978-84-9897-893-3
Verlag: Linkgua
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Entre clérigos y diablos o El encapuchado es una obra de teatro de José Zorrilla. Transcurre en el Burgos del Siglo XV, con los Reyes Católicos en el trono. En esta pieza, el autor nuevamente muestra una de las señas del romanticismo: la exploración y la nostalgia del pasado nacional.

José Zorrilla y Moral (Valladolid, 1817-Madrid, 1893) Tras estudiar en el Seminario de Nobles de Madrid, fue a las universidades de Toledo y Valladolid a estudiar leyes y poco después abandonó los estudios y se fue a Madrid. Las penurias económicas le hicieron a vender a perpetuidad los derechos de Don Juan Tenorio(1844), la más célebre de sus obras. En 1846, viajó a París y conoció a Alejandro Dumas, padre, George Sand y Teophile Gautier que influyeron en su obra. Tras una breve estancia en Madrid, regresó a Francia y de ahí, en 1855, marchó a México donde el emperador Maximiliano lo nombró director del teatro Nacional. Publicó un libro de memorias a su regreso a España.
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Jugada II


Habitación de Juan Fernández: puerta en el fondo; mesa a la izquierda; estatuas y utensilios de imaginaria. Luz artificial.

Escena I


Juan Fernández ¡Insoportable impaciencia!

En medio de este huracán

político, no hay con él

medio de comunicar.

Por todas partes empieza

la rebelión a calmar;

todos menos él se vuelven,

todos menos él se dan.

¡Qué desventura la nuestra!

¡Qué aciaga casualidad!

¡Solo no hay para nosotros

parte en el bien general!

¡Y el pobre Juan de Colonia

que aun espera que vendrá!

Sí que vendrá, si no es muerto.

El Rey, de su dignidad

no puede desposeerle;

mas cuando venga, será

tarde. Ni como ni duermo,

calenturiento de afán.

Escena II


Juan Fernández y Maluenda

Maluenda ¡Juan!

Juan¡Padrino!

Maluenda ¿Tú no sales

esta noche?

Juan No, señor.

Espero a Juan de Colonia,

que ya tarda; a la oración

debió salir de una junta,

para ambos de la mayor

importancia, y a inquietarme

comienza su dilación.

MaluendaBueno; pero ¿acabaréis

pronto?

Juan Tal creo.

Maluenda Es que no

quisiera yo que faltaras

este año en la colación

de Nochebuena a la mesa

que Ana nos aderezó.

JuanEn cuanto Juan de Colonia

se despida, aunque favor

me haríais si me excusarais.

MaluendaTendría una desazón

Ana si no celebráramos

la Navidad como Dios

manda, y como la hemos hecho

desde nuestra reunión.

Estas fiestas de familia,

el riego fecundador

son de esas plantas caseras

que cultiva el corazón

a la sombra de la casa

y del hogar al calor,

y que se llaman cariño,

amistad, estimación,

fraternidad, confianza,

y muchas veces amor.

Escucha, Juan: Yo no quiero

investigar la razón

de tu tristeza; mas sé...

Se sabe, Juan, que estás hoy

metido en una ardua empresa,

en cuya negociación

hay dos faltas: mala suerte

y de cálculos error.

Juan¡Padrino!...

Maluenda Ábreme tu alma,

Juan; tú sabes bien que estoy

en el lugar de tu padre,

y excepto mi salvación,

nada hay que no esté dispuesto

a arriesgar por ti.

Juan ¡Señor!...

Yo siempre por el primero

os tuve después de Dios,

y os venero como a padre,

con el más filial amor.

Mas no hablemos de mis penas,

porque aunque tan fieras son

que tal vez me hagan hoy mismo

perder hacienda y honor,

como hoy y mañana espero

que han de tener solución

buena o mala, por un día

dejad que con mi dolor

y con mi esperanza luche

como hasta aquí solo yo.

Maluenda¡Juan..., me espantas!

Juan ¿No tenéis

secretos que guardar vos?

MaluendaVolvemos siempre a lo mismo,

Juan... Los que míos no son,

tengo de ti que guardarlos;

y ese que de mal humor

te tiene ha un año conmigo...

Juan¿Qué?...

MaluendaNo tiene explicación.

JuanYo solo os he preguntado

quién era.

Maluenda ¿Lo reveló

él?

Juan Él dijo que era...

Maluenda¡Delirio! ¡Superstición!...

No hablemos de él por si acaso.

Juan¿Pudiera...

Maluenda ¡Líbrenos Dios!

Quienquier que fuere, dejémosle,

pues que se fue y no volvió.

Y, en último resultado,

en veinte años que mansión

haces en ésta, pesarte

de dar con él no debió

la única vez que debiste

la vida a su intervención.

JuanEs verdad.

Maluenda Pues no pensemos

más en ello. Conque voy,

y vuelvo.

Juan Esperad aún

un momento; una cuestión

vital para mí...

MaluendaPregunta.

Juan¿Se sabe algo del señor

de Acuña?

Maluenda Nada; en un año,

noticias de sí no dio;

mas se espera de un momento

a otro de él tener razón.

Juan¡Dios lo haga!...

Maluenda Y tú no olvides

la primera prevención

que te hice entrando; haz por ir

esta noche al comedor.

Ana comienza a afligirse

de tu eterna distracción

y la injusta indiferencia

que la manifiestas.

Juan ¿Yo...

indiferente con ella?

Vos no lo creéis, señor,

MaluendaYo no lo creo; yo creo

que la mala situación

de tus negocios, te obliga

a no consagrarla hoy

todo tu tiempo como antes.

Creo que tu corazón

es el mismo; pero a ella

se le figura que no.

¿Conque irás?

Juan Iré.

Maluenda Hasta luego.

No tardo mucho.

Juan ¡Id con Dios!

Escena III


Juan ¿Qué hará el buen Juan de Colonia?

Mas venga o no venga ya,

¿qué nos resta que saber?

¿Si decirme la verdad

no querrá, la pesadumbre

por evitarme? ¡Hará mal!

¡Pobre viejo, fiel y honrado!

¡Tal catástrofe a su edad!

Escena IV


Juan y Mariposa

Mariposa ¿Maese Juan?

Juan ¿Quién va?

Mariposa ¡Yo!

Mariposa. ¿Puedo entrar?

Juan¡Sí! ¿Qué quieres?

Mariposa Lo que siempre:

dar una vuelta no más

por vuestro cuarto; un instante

en torno vuestro girar,

y como una mariposa

que alza el polvo en un rosal,

quitaros los pensamientos

que devorándoos están

la existencia.

Juan Mariposa,

¿cómo te podré pagar

los cariñosos consuelos

que inútilmente me das?

En vano tu imperturbable

alegría, al derramar

en mi alma triste, da siempre

con su insensibilidad.

Tú vuelves siempre en el árbol

de mi tristeza a posar;

mariposa que posarse

cree en clavel primaveral,

y hallándole adormidera,

su acíbar gusta y se va;

mas tú le gustas, te alejas,

y para volver te vas.

MariposaTal es mi instinto, maese;

mi naturaleza es tal.

Yo nací vueltas en torno

de los que amo para dar,

y procuro distraeros;

para daros de solaz

un punto; si no, ¿por qué

Mariposa me llamáis?

Juan¡Pobre Mariposa! No eres

tú, ni es ya nadie capaz

de alegrarme.

Mariposa ¿Qué tenéis?.

JuanUna tristeza mortal

que me roe las entrañas.

Mariposa¿Por qué?

Juan¿Qué te importa un mal

que por mucho que te empeñes

no has de poder remediar?

Mariposa¡Quién sabe! La alondra...



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