Beuchot | Interpretación del ser humano | E-Book | www.sack.de
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E-Book, Spanisch, 168 Seiten

Beuchot Interpretación del ser humano

Un ensayo de antropología filosófica
1. Auflage 2019
ISBN: 978-84-254-4349-7
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
Kopierschutz: 0 - No protection

Un ensayo de antropología filosófica

E-Book, Spanisch, 168 Seiten

ISBN: 978-84-254-4349-7
Verlag: Herder Editorial
Format: EPUB
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Este libro aborda la antropología filosófica, disciplina que investiga y medita sobre el ser humano. Éste es visto bajo el prisma de la intencionalidad, como núcleo de intencionalidades diversas: cognoscitiva, volitiva, emocional e, incluso, ontológica, es decir, como impulso de existir (o conatus existendi, como lo llamaba Spinoza). Mauricio Beuchot propone un análisis desde la hermenéutica analógica, ya que el ser humano es un análogo o ícono del universo, es decir, un microcosmos. Tiene fraternidad con el cosmos entero y por eso está llamado a cuidar de él. Posee, entonces, un lado natural, pero también un lado cultural, y hay que atender a estos dos polos que lo constituyen. Una antropología filosófica unívoca privilegia la cara natural, y una equívoca, la cultural. En esta obra, la postura analógica se coloca en el cruce en el que se encuentran y se tocan esas dos dimensiones. De esta manera, Beuchot alega que el ser humano tiene un aspecto simbólico que parece superar el biológico, ya que, así como necesita su parte orgánica para vivir, requiere del sentido para poder existir plenamente.

 Mauricio Beuchot   (Torreón, Coahuila, 1950) es investigador en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. Allí fundó el Seminario de Hermenéutica. Ha escrito numerosas publicaciones sobre semiótica, filosofía del lenguaje y hermenéutica, así como ha  colaborado y dirigido otras tantas.   Es miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y uno de los filósofos mexicanos contemporáneos más reconocidos.
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1. Acerca de la antropología filosófica

INTRODUCCIÓN

En este capítulo trataré de esbozar las líneas principales de una antropología filosófica o filosofía del hombre. Esta es necesaria para una multitud de disciplinas, pues todas dependen de la idea de ser humano que se profese. En efecto, es necesario este conocimiento para poder ofrecer o desvelar el modelo que se va a plasmar en las diversas actividades que realizamos.

Primero dilucidaremos qué es esta rama de la filosofía, para ir desplegando los aspectos del hombre que irán poco a poco presentándose. Así lo veremos como un núcleo de intencionalidades, conscientes e inconscientes, cognoscitivas, volitivas y emocionales o afectivas. Porque es necesario no tratar solamente la parte intelectual (cognoscitiva y volitiva), sino también la emocional, a saber, la de las pulsiones y los sentimientos. De esta manera atenderemos al hombre en toda su dimensión, es decir, sin renunciar a su gran complejidad, que es sinónimo de su perfección en el orden de la naturaleza, de lo cual se deriva su alta dignidad.

NOCIÓN DE ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA

Nuestra disciplina es el estudio filosófico (distinto del científico) del hombre. El científico es empírico, como el de la psicología, la antropología y la sociología. El filosófico se basa en el anterior, pero va más allá; es una fenomenología del hombre, una hermenéutica de la facticidad humana, una ontología de la persona (del sujeto). Partiendo de los fenómenos, o actos, como efectos, vamos a las facultades (o causas), y de ellas al sujeto.1

Así captamos su esencia, su naturaleza. Pero esto a través de su historia, a partir de sus manifestaciones, de sus obras, de sus productos culturales. Tanto de sus obras científicas como de las artísticas. Porque hay una naturaleza humana, aunque muchos la nieguen, que se da encarnada en la historia, y que, por eso, tiene que ser entresacada de su propio devenir en el tiempo.

El hombre es una unidad bio-psico-social. Es un núcleo de intencionalidades.2 Aristóteles y los escolásticos hablaron de la intencionalidad; Brentano recuperó esa idea y la transmitió a dos alumnos suyos geniales: Freud, que la recogió como pulsión (Trieb), y Husserl, que la impostó en su fenomenología. De este último pasó a Heidegger, Gadamer y Ricœur. Pues bien, la intencionalidad puede ser cognoscitiva, volitiva y además emocional. Y hasta se puede hablar de una intencionalidad ontológica, que es la del existir. Lo que Spinoza y Leibniz llamaban el conatus essendi.

EL HOMBRE COMO INTENCIONALIDAD

En el ser humano hay una doble intencionalidad: consciente e inconsciente.3 La intencionalidad consciente se desdobla en cognoscitiva y volitiva. Pero MacIntyre habla de una intencionalidad inconsciente, descubierta por Freud, que es la de las pulsiones o instintos. Por otra parte, según Putnam, la intencionalidad es un concepto que no ha podido reducir el funcionalismo. Es irreductible. No hay concepto conductista que pueda suplirlo, suplantarlo. Y, sin embargo, la intencionalidad es lo más propio del hombre, es irrenunciable para comprender al hombre.

La intencionalidad, como lo señaló ya Brentano, es dirección hacia algo, hacia un objeto. Es decir, es una actividad y no solo un estado; es dinámica, tiene una dirección o sentido. Así, la intencionalidad posee un significado, por eso requiere de interpretación, de hermenéutica. Según Ricœur, la intencionalidad del autor del texto es lo que interesa a la hermenéutica, es su objeto propio. Así, por el ser intencional, tenemos un modelo o ícono del ser humano como volcado hacia lo diferente, hacia lo otro, sobre todo hacia los demás.

Esa es la gran clave que aporta la intencionalidad. Esclarece al hombre. Como es tendencia hacia un objeto, es tensión hacia algo exterior al sujeto, lleva hacia afuera. Y esto nos indica que el ser humano se realiza de la mejor manera cuando va hacia las cosas mismas, en el realismo, pero sobre todo, cuando va hacia los otros, sus semejantes, en el personalismo.

INTENCIONALIDAD COGNOSCITIVA Y VOLITIVA COMO LIBERTAD

Hay, pues, una raíz ontológica del hombre que es intencionalidad. Ya el conato de ser, de permanecer en la existencia es un acto intencional originario y primigenio. A partir de este núcleo fundacional, la intencionalidad se distiende hacia lo cognoscitivo y lo volitivo. Esto nos da un modelo o ícono del ser humano realizado en su ir hacia los demás. Tanto en el conocer como en el querer.4

La intencionalidad del conocimiento abarca los sentidos, la imaginación, el intelecto y la razón. La de la voluntad abarca el amor y el odio, el eros y el tánatos, el deseo y la agresión. Por eso con ella se conecta la intencionalidad inconsciente, que está muy cercana a la voluntad, pero que es más primitiva, como apetito natural que surge de lo más hondo de la psique y tiene varias formas. Esas dos son fundamentales, la del eros y el tánatos, que va adquiriendo modalidades distintas.

Así, el hombre, por su carácter intencional o polarizado, está dirigido hacia lo otro, hacia los demás. Por eso hay que evitar el narcisismo, que enferma. Justamente por ello las escuelas psicoanalíticas insisten en hacer que el ser humano se polarice hacia el otro, no hacia sí mismo, hacia el yo. Aquí surge el problema de la libertad. Según Freud, esta se va conquistando. Él hace la comparación con los holandeses, que han logrado su tierra quitándosela al mar con diques.5

Hay una intencionalidad de la acción. Recoge las del conocimiento y de la voluntad, y se despliega como praxis (phrónesis) y como poiesis (techne). En esas virtudes, tanto en las teóricas como en las prácticas, se da el equilibrio proporcional, el sentido de la proporción, y la proporción es analogía. Por eso tenemos una idea analógica del hombre. El hombre es el ser análogo por excelencia. Porque tiene que guardar la proporción en su vida, el equilibrio de sus pulsiones. Pero no frustrándolas, sino encauzándolas.

INTENCIONALIDAD SENTIMENTAL

La intencionalidad de las pulsiones arranca desde el lado biológico del hombre y habita el inconsciente. Pero se realiza en las emociones, afectos o sentimientos. Es lo que antes se llamaba «las pasiones», tales como el amor, el odio, el temor, la ira, etc.6 Son muy importantes en el ser humano y muy poco atendidas en la educación que se le ha dado. Solo se ha educado la parte racional, pero ha quedado pendiente la educación de los sentimientos.

Esta intencionalidad sentimental se manifiesta con esos dos afectos principales, que en la antigüedad eran el apetito concupiscible y el irascible, y ahora son el eros y el tánatos. En ambos apetitos se incardinaban las pasiones. En el apetito concupiscible, si es del bien, el amor; si el bien es ausente, deseo; si es presente, delectación o goce; en relación con el mal, si este se considera en sí, surge el odio; si es ausente, la aversión; si es presente, el dolor o tristeza. En el apetito irascible, si se trata de un bien difícil, si es posible, hay esperanza; si es imposible, surge la desesperación; si se trata de un mal difícil, si es presente, luchamos contra él con cólera o ira; si es ausente, pero vencible, vamos a su encuentro con audacia; si lo creemos invencible, nos alejamos de él con temor.7

Y el amor, a su vez, se presenta sobre todo como vínculo y empatía. La empatía es analógica. Como se dijo, el amor puede ser de concupiscencia o de benevolencia. Este último es el amor verdadero, contra el de utilización, que es el otro. Hay que pasar del primero al segundo. Y esto se da por un pasaje simbólico. En efecto, el símbolo es mediador. Como dador de afecto que es. El lenguaje simbólico es el del amor.

INTENCIONALIDAD Y SIGNIFICADO

Como hemos visto, la intencionalidad tiene una dirección, un sentido, un significado.8 Eso nos lleva a la hermenéutica. Hay que interpretar la intencionalidad humana. Más concreta y propiamente, hay que interpretar al ser humano mismo. Con eso nos daremos cuenta de qué cosa es, a pesar de los cambios y mutaciones que experimenta en su devenir, en su proceso histórico. A despecho de eso, tiene algo como permanente, en medio de sus cambios.

El hombre no es solo esencia ni solo historia, sino las dos cosas. Es esencia histórica, o historia hecha esencia. Pues bien, el ser y el tiempo se encuentran en el ícono. La naturaleza funciona como iconicidad. Es un modelo. La hermenéutica analógica no es historicista ni esencialista, adopta una esencia dinámica (ícono). Los límites del hombre son la muerte, la enfermedad, el fracaso, la pobreza. No en balde Jaspers las llamaba «situaciones límite». Se puede hablar de una condición humana o naturaleza humana. E ir hacia un nuevo sujeto, más allá de las definiciones del hombre.

ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA Y HERMENÉUTICA ANALÓGICA

En nuestro estudio de la antropología filosófica hemos aplicado una hermenéutica...



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